Capítulo IV: El diario de la esposa. El retorno de Wen.

02 de Marzo del 2007

Te vi y estas acá, no te imaginas cuanto. Y eso, en definitiva, no significa nada. Dos palabras de tu boca y estás acá. Esta soy yo absorbiéndote.

Soñé con la estupidez humana. Vi el futuro y volví. Todo era vacío y sin objeto. No había belleza. Todos estaban ahí.

Y anoche Wen me abrazaba y temblaba. No puedo, no ahora. Estos besos que nos unen y que no deberíamos darnos. Besos que nos atan  y es dulce.

-No me hagas extrañarte. No me hagas anhelar tus brazos y la simplicidad de nuestra vida juntos. -

Wen me besa y es mi hogar.

-Sos vos, sos vos, no dudes de eso. Sos vos pero no ahora. Sos vos el primero y el último, pero eso no quita…  todo lo del medio.-

Llueve y de vos ya pasé. No, no de vos, de vos.

Es momento de escribir. Escribir es la supervivencia psíquica. Estos días en los que todavía reniego de mi destino que es cruel, que da y quita igual de rápido y cambia de nuevo, antes de que haya sanado mis heridas.

Camino, porque avanzar es la única opción. Camino en medio de la confusión, camino hacia quien sabe dónde, camino sólo para sentir que camino, que todavía existo. Camino con la fe de que en algún momento todo esto tendrá sentido y caminar habrá valido la pena.

Mil silencios más míos que mi alma

Mil silencios que claman

Presencias vacías

Siempre queda lo impronunciable.

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