De la inevitabilidad del destino: Dos zorras atadas por la cola se ven las caras.

María de las Flores Pútridas esta paradita en una esquina, con los glúteos apretados de los nervios y vistiendo estricto negro, como vestía yo a los dieciocho, la última vez que me vio.

Esta es María diciendo “somos lo mismo”.

Llego tres horas tarde a nuestra cita y pienso: “Hola María, corderito de Dios, hace semanas que no tomo la medicación y me tiembla el cuerpo, se buena vos porque yo estoy mala”. Menudo día para andar con el puto mono a cuestas.

Me incomoda verla a la espera de  cualquier coincidencia entre las dos. Esa locura constante de emularnos y diferenciarnos. Ese asco en la boca del estomago.

Finge estar tranquila, pero la ensiedad en su voz es evidente.

Habla, María habla. Vuelve a tener boca (demasiado gruesa), ojos (impestañados), nariz (pequeña), piel (oscura pero agradable) y esa ropa que no dice nada de ella porque no hay nada que decir. María de Las Flores Pútridas es de carne y hueso y habla. De hecho, habla sin parar, pregunta, explica, se excusa.

Para ponerla en evidencia nunca hizo falta más que dejarla hablar. Leer más »

Divina histeria y el abrazo del niño-hombre

o7 de Marzo del 2007

Invité a ese niño-hombre a mi casa.

Invité a ese niño-hombre a mi casa sabiendo que no me acostaría con él y aún así, lo invité. Le preparé una cena paupérrima – Debiste saberlo, niño-hombre, una mujer presta al sexo te prepara una cena decente y no un compendio de congelados-

Invité al niño-hombre, también, a mi cama. Me vi arrastrada por una insondable necesidad de ser abrazada, besada, nopenetrada.

Vuelvo a verme en brazos de niños que simplemente no me aman y simplemente no me importa. Una oda al autoflagelo, un clásico de Lola.

Hermosos, los ojos del niño-hombre permanecieron serenos a pesar de que la urgencia imperativa del sexo se agita en su cuerpo. Sus manos recorrieron mis pechos con inolvidable adoración y lamenté saber, como siempre lamento.

Lo miré resignada cuando sus ojos serenos se tiñeron de frialdad ante el rechazo, la penetración negada, el miembro abandonado a su suerte sin encontrar contento.

Él es el niño-hombre y yo soy la divina histeria, injusta, terrible. Lo sé. Leer más »

Capítulo IV: El diario de la esposa. El retorno de Wen.

02 de Marzo del 2007

Te vi y estas acá, no te imaginas cuanto. Y eso, en definitiva, no significa nada. Dos palabras de tu boca y estás acá. Esta soy yo absorbiéndote.

Soñé con la estupidez humana. Vi el futuro y volví. Todo era vacío y sin objeto. No había belleza. Todos estaban ahí.

Y anoche Wen me abrazaba y temblaba. No puedo, no ahora. Estos besos que nos unen y que no deberíamos darnos. Besos que nos atan  y es dulce.

-No me hagas extrañarte. No me hagas anhelar tus brazos y la simplicidad de nuestra vida juntos. -

Wen me besa y es mi hogar.

-Sos vos, sos vos, no dudes de eso. Sos vos pero no ahora. Sos vos el primero y el último, pero eso no quita…  todo lo del medio.- Leer más »