La muerte de TianTian: Lola vuelve a ser la ausencia.

Dejar a TianTian, es matar la inocencia. El llora. El dice “casamiento”. El da su último manotazo de ahogado: ¿Cómo se retiene a Lola?

No se puede. Nadie, no se puede, ni siquiera Wen pudo.

Y aún así, Wen es el argumento de la huída: Soy su criatura, irremediablemente.

Las palabras que no dejan lugar a la esperanza.

TianTian llora y yo permanezco firme. Cuando la decisión está tomada, cuando la idea de que es lo correcto ha tomado mi cabeza, mi voluntad es absolutamente inquebrantable.

Soy la mujer que tiene el coraje de destruir al mundo, soy la mujer que puede arrancarse el corazón del pecho sin que le tiemble el pulso.

Otra vez. Siempre victimaria y hoy, más victimaria que nunca. Porque Wen merecía su destino, pero TianTian, mi dulce, dulce TianTian, no ha hecho mal que le gane esas lagrimas en el rostro y esa mirada que implora con desesperación.

No lloro porque no tengo derecho. No lloro porque tengo esa última atención de permitirles ser la única víctima, el único dolor. No lloro como quien se castiga.

Lo miro y pienso en la dulzura de las palabras que susurraba a mi oído. Este es un dolor que será mío, sólo mío, nunca de Wen.

Pienso: voy a llorarte ahí donde nadie puede verlo. Merezco doler en soledad mi condición de criatura asesina.

Morir de su muerte.

Si hay justicia en este mundo: morir de su muerte.

Los hombres lloran y Lola no. Las cosas nunca son lo que debieran ser.

La naturaleza predadora, caerles encima, invadir su mundo, matar, morir y reencarnar en una nueva Lola.

Saber que destrozan tu corazón y no morís. Nadie muere de amor realmente.

Matar y morir sabiendo.

Y luego el estado de shock, las emociones anuladas hasta que la mente cuente con la fortaleza necesaria de enfrentarlas.

Yo que siempre espero a tener un lugar seguro antes de empezar a llorarlos.

Yo que siempre encuentro mis lugares seguros en la cama de otro hombre.

En mi vagina: el instintito de supervivencia.

Mato a TianTian y con él, muere su inocencia de creer que puede cambiar al mundo, que puede torcer mi destino de criatura malamada.

Que bello refugio ha sido tu cama. Que bello e inolvidable refugio.

Yo, que soy la mujer que siempre se está despidiendo, digo:

Haberlos tenido.

Haberles olido el cuerpo, la humanidad.

Haber estado dentro.

Haber olvidado todo eso.

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