Divina Lola y TianTian: Lo dulce y el sexo.

TianTian astuto, tenés el sueño liviano. De no ser así, no te hubiera despertado el movimiento imperceptible de los hombros de Lola, su llanto silencioso y extraño, ese llanto que le viste tantas veces, de rostro inerte, como si fuese un hecho más, un llano necesario y tan cotidiano como dormir, comer o respirar; un llanto acostumbrado, un llanto que te asusta, TianTian, porque si los muertos lloraran, lo harían exacto así.

- ¿Por qué, Lolita? ¿Por qué siempre en silencio? ¿Es que no tenés consuelo? ¿Es que no querés consuelo? -

Unas horas antes, dejaste que te arrastre por toda la ciudad, para buscar a Wen de casa en casa, de bar en bar. La escuchaste mascullar una verborragia sin sentido intentando comprender qué había pasado para que se pusiera así, para que te hiciera dejar todo y salir corriendo.

- Maldito Wen, maldito Wen, lo busco y lo mato ¿Cómo se atreve? ¿Es que no hay respeto? ¿Es que no me va a dejar ni un resto de dignidad? De su boca y en mi cara. ¿Entendés, TianTian? -

Vos entendés, TianTian, vos entendés. Digas lo que digas lo va a ir a buscar. Mejor que sea con vos; mejor que estés ahí. Porque María de las Flores Pútridas anda rondando. Porque para vos María  es una ventanita que titila en la PC de Lola, un fantasma al que Wen cometió el error de decirle que él a Lola no le debía nada, ni la amistad. Y ahora Lola es toda furia, porque María la enteró, porque la vida es injusta y te ganaste un paseo por la ciudad.

Van a mil lugares pero ella no deja de decir  “lo busco y lo mato” hasta que lo encuentra. Con una sola mirada ya sabés. Te cruzás al  kiosco a comprarle otra cerveza mientras ella se hace agua, se hace llanto, se hace alcohol, se hace gritos. Se hace una escena de la puta que lo parió, que todos le permiten porque es Lola.

No la detiene nadie porque no la detiene nada, ni las miradas de todas esas personas que están desconcertadas, ni el estupor de Wen que hace unos minutos estaba comiendo pizza con sus amigos sin sospechar que Lola haría semejante cosa.

Lola ya está borrachísima y todavía más incoherente. Wen se deshace en explicaciones y disculpas y no sabe, no sabe como calmarla, no lo supo entonces y no lo sabe ahora. Y a vos, TianTian, la impotencia en el rostro de Wen no hace más que favorecerte.

Porque vos sí sabés. Vos sabés que es hasta que se cansa y, que cuando se cansa, se vuelve mansita e infantil y sonríe agotada cuando le decís cosas dulces y te rasca la cabeza y la frente con los nudillos.

-Buen chico, TianTian -

-Malo Wen, malo-

Media sonrisa de TianTian que sabe que Wen se lleva los gritos y él se lleva a Lola, ya mansita, a su cama.

Madia sonrisa de TianTian que se despierta en medio de la noche con el casi imperceptible movimiento de los hombros de Lola y le besa el rostro húmedo, le acaricia los pechos blanquísimos y le susurra ensalmos al oído.

Porque, en realidad, ella es el animalito, ella es como un animalito herido y vos conocés las palabras correctas, el ensalmo mágico que la calma, que la tranquiliza, que la deja todavía más mansita y sumisa,  mientras pasas tu dedo índice por un herida húmeda y dulce, TianTian, húmeda y dulce como ninguna.

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