La última inmolación de la Increíble Pendeja Kamikaze: Lola mata a Wen y muere en el intento.
La iluminación y la confusión vienen por partes iguales.
Este cuerpo ha sido un Cristo interviniendo la ley de la siembra y la cosecha.
Lola dice: “Es necesario que coseches tu dolor. Es necesario que mueras.”
Wen dice: “You’ll make us wanna die. I’d cut your name in my heart, we’ll destroy this world for you. I know you want me to feel your pain.”
Mi corazón de alfiletero. Mi corazón de alfiletero puede morir mil muertes, pero mi cuerpo sólo una. Este torcer el destino y esta cacería que es el precio que pago por torcer el destino, han dejado mi cuerpo enfermo y exhausto.
Los terribles embates de la sintomatología.
Wen debe morir para que muera el dejo de María en su piel, para que mi locura no lo toque y mi cacería no lo alcance. Wen debe morir porque ya no puedo sostener las consecuencias y el destino reclama su cauce.
-María de las Flores Pútridas en la cama de Wen, en los brazos de Wen, en las paredes de la habitación de Wen.-
Esta cacería es mía. Esta cacería no debe tocar a Wen.
Me vuelvo cordero sólo para él. Lo arranco de mi vientre nutridor y lo dejo morir. Verlo morir es un castigo que me infrinjo a mi misma por haberlo dejado ir esa noche. Castigo mi estupidez y mi inocencia, me castigo por poco mujer y por débil.
Este dolor que llega dos años más tarde, duele más ahora que el cuerpo de Wen se acostumbró a la tibieza de mi vientre que lo que hubiese dolido en ese entonces. Esta crueldad es también mi culpa.
En medio de la confusión y el impronunciable dolor que me genera el vacío en mi vientre, me aferro a la iluminación. Porque ante mis ojos veo la imagen después del tiempo. Este riesgo que corro, lo corro porque tengo la absoluta certeza que el vínculo entre su ser y el mío transciende toda muerte y toda ausencia.
Logro ser inflexible porque destruyo el mundo con la visión de un nuevo mundo en mis pupilas. Un mundo donde somos solo Wen y yo, sin un sólo dejo de María en nuestra cama.
Dejo de ser un Cristo para convertirme en una Juana de Arco. Me aferro a una visión con una certeza inquebrantable. Todo eso que Wen no puede ver y duele un dolor signado por la más absoluta desesperanza.
La pregunta que persigue la cacería: ¿Qué es ser mujer?
Hoy, ser mujer es tener el coraje de destruir al mundo. Ser mujer es un acto de violencia.
Hoy yo soy La Mujer.
-Rezar: que Wen bata alas de Fénix.-
Mi amor, mi amor, mi amor.