Diálogo interno de Lola: La perra rabiosa, el Cristo y la apología del flagelo.
No, Lola no puede ser protegida.
Cuando más vulnerable estás, la violencia se te sale por los ojos, hablas bien bajo entre dientes y nadie, ni Wen, puede ver una víctima detrás de esos ojos y esos dientes.
Entonces, Lola, te deshacés en llanto hasta que llega Wen y dice “Perdón”. Y detrás del “Perdón” le cruzás una bofetada.
¿Qué perdón? La palabra perdón no aplica, no se concibe en este hecho. No hay derecho a pedir nada, ni el bendito perdón.
Eres un ser de violencia infinita.
Le echas tarascones como desquisiada, pones distancia, sos jodida como vos sola. Como una perra rabiosa, con esos dientes tan grandes, ese gruñido tan profundo, ese pánico hecho violencia ¿A quién se le ocurriría protegerte? Los ojos de niña se vuelven duros, impenetrables, la boca destructiva, la lengua punzante.
¡Ah, Lola! ¡Te volvés tan aterradora! Toda tu dulzura se esfuma en un instante.
Tus uñas rojolola hieren y es que cuando estas herida, Lola, tu cuerpo es víctima de todos los embates. Te castigas Lolita, te castigas por vulnerable, por permeable, te castigas el cuerpo y la vida. No sabes ser víctima Lola, puta perra rabiosa, no sabés. Cuando peor estas, más fuerte mordés.
¿Qué saben ellos? ¿Qué sabe él que sos su Cristo? ¿Qué sabe él acerca del precio que pagas por ahorrarle las consecuencias de sus actos?
Le dilatas la muerte Lola, le dilatas la muerte porque sos débil y porque sos fuerte, o más bien pensás fuerte. Pensás fuerte que podes ahorrarle a Wen el destino que se imprimió en la palma de su mano esa noche.
¿No es eso lo que le estás haciendo a tu cuerpo?
Rabiosa: te arrancas los pelos de la cabeza, te arañas el cuerpo, te rebanas los brazos en tajadas limpias y perfectas. Sin sangre no se purga la falta.
¿Qué saben ellos lo que estás haciendo? ¿Que saben ellos que te retorces la mente y el cuerpo hasta la última gota para cambiar el curso lógico, natural e indefectible de los hechos?
Decime Lola: Ese cuerpo de sacrificio, esa mente de sacrificio ¿Hasta cuando el sacrificio? ¿Hasta cuanto es sostenible congelar el tiempo de esta forma?
Matar o morir y esos ojos rabiosos no dejan ver que este es tu morir por, morir para, morir por el mero morir.
Wen, dulce Wen, torpe Wen que no comete maldad sino torpezas. Lola hay que decir que sos una idiota. Tan idiota y tan loca que aún con esa confianza asesinada que traes en el pecho seguís teniendo en el fondo la certeza más absoluta de que te ama, que te quiere bien y lindo, dulce y tibio, a pesar de todo.
Y esa certeza sin sentido basta y pesa más que tu cuerpo, tu mente, tu salud (¿Qué carajo es “salud”?) y, al final del día, el ser amada te valió más que tu alma.
¿Es que lo amas a él o es que te odias con insistente saña?
El no sabe ver el precio que se paga, un precio que se paga hoy y mañana y probablemente el resto de la vida en intolerables cuotas de delirio. Una forma tan compleja de detener al destino que sólo vos, Lola, con tu iluminada locura podes comprenderla.
Y así te quedas, terriblemente sola en medio de una cacería, un campo de batalla y un sacrificio. Una soledad triste y liberadora.
Una soledad que te asegura, Lola, que la carga es sólo tuya, tuya y de nadie más, tuya para arrullarla, tuya como un tesoro preciado de autocastigo y una promesa ilusa de salvación para ese que te lleno de alfileres el pecho.
Una soledad que te hunde en una locura iluminada de misticismo y perversión. Una soledad que es impenetrable porque la queres así, caprichosa. Y debo decir, Lola, que serás loca, pero sabes exactamente lo que estás haciendo.
Estas siendo un Cristo incomprendido de violencia.
Una soledad que te asegura, Lola, que la carga es sólo tuya, tuya y de nadie más, tuya para arrullarla, tuya como un tesoro preciado de autocastigo y una promesa ilusa de salvación para ese que te lleno de alfileres el pecho.
me senti profundamente identificada u.u
U.U
Dulce Viru…