Capítulo IV: El diario de la esposa. El retorno de Wen.
Te vi y estas acá, no te imaginas cuanto. Y eso, en definitiva, no significa nada. Dos palabras de tu boca y estás acá. Esta soy yo absorbiéndote.
Soñé con la estupidez humana. Vi el futuro y volví. Todo era vacío y sin objeto. No había belleza. Todos estaban ahí.
Y anoche Wen me abrazaba y temblaba. No puedo, no ahora. Estos besos que nos unen y que no deberíamos darnos. Besos que nos atan y es dulce.
-No me hagas extrañarte. No me hagas anhelar tus brazos y la simplicidad de nuestra vida juntos. -
Wen me besa y es mi hogar.
-Sos vos, sos vos, no dudes de eso. Sos vos pero no ahora. Sos vos el primero y el último, pero eso no quita… todo lo del medio.- Leer más »


